30 enero 2012

Primer Premio en El Puig

El viernes 27 se entregaron en El Puig los premios de sus certámenes literarios. Me resultó imposible estar presente, así que ha sido una sorpresa encontrarme con el primer premio en castellano. Os copio parte de la noticia.

"El pasado viernes, se celebró la Velada Literaria donde se premiaron los mejores trabajos en narrativa e investigación. Los premios Conte de narrativa corta fueron para Entre las sombras del jardín, de Javier Diez Carmona (Bilbao) y Dos-Cents Dotze arbres fan un bosc, de Xavier LLuch Balaguer (El Puig). El premio Dragó del Puig fue para El Mundo de los Calcetines Perdidos, de Alejandro Mira. Finalmente la beca de estudios sobre El Puig se otorgó al trabajo titulado El Puig de Santa Maria. Itineraris de la memòria, presentado por Irene Balaguer Flores. Durante la ceremonia actuó Quins Singers, un grupo musical que abarca un amplio espectro de estilos musicales y está integrado por 12 miembros que cantaron a capella. Al acto acudió el Diputado Miguel Bailach".

24 enero 2012

ENSENYAR, APRENDRE, SALVAR-SE

La Asociación de Educación Popular Carlos Fonseca Amador ha publicado el libro que paso a presentaros: ENSENYAR, APRENDRE, SALVAR-SE. LAN DAUKAIA, LAN TAKAIA, SWAKWI TAKAIA. Un largo título en catalán y miskito que define la esencia de la publicación: ser una herramienta en favor de la lengua, de todas las lenguas, especialmente de las minoritarias, minorizadas y/o en peligro de extinción, y del derecho a la alfabetización y la educación de todas las personas sin distinción de ningún tipo. Y un alegato contra la injusticia del analfabetismo y a favor del valor, la necesidad, la urgencia y la justicia de la alfabetización.



Se trata de un libro estructurado en dos partes: La primera la forman cinco interesantísimos artículos de Ignasi Vila, Carles Serra, Sebas Parra, Pep Aparicio y el Maestro Orlando Pineda. La protección de las lenguas minorizadas y la alfabetización en general se entremezclan aquí con el caso concreto de Nicaragua, una Babel cuya máxima expresión encontramos en las riberas del Wangky, sobre lo que hemos hablado ampliamiente en este blog.



La segunda parte es una especie de "Diccionario de bolsillo" donde una variopinta constelación de autores de todo tipo damos nuestro punto de vista literario, social, descriptivo o reivindicativo sobre palabras que para todos significan mucho: Cooperación, Pedagogía del Amor, Igualdad, Humanizar, Lengua Materna, Participación, Escuela, Poesía, Dignidad.... En mi caso, he tenido la suerte de poder incluir un microrrelato titulado "Yo sí puedo-Yank, lika sipsna" que describe en gruesos trazos un mínimo retal de la alfabetización en lengua miskita desarrollada en las comunidades de Río Coco.



El libro se presenta en Girona, en la librería 22, el lunes 6 de febrero a las 20.00. Sobran las invitaciones a un acto como éste, más dirigido a abrir debates e intercambiar ideas que a describir los textos impresos en un papel. Aun así, os adjunto la invitación.



El Instituto Paulo Freire está preparando una edición en castellano del libro. Os mantendré informados.

26 diciembre 2011

Un experimento en Amazon

¿Qué impulsa a un lector a comprar a un autor desconocido? Digo uno desconocido de verdad, uno que no esté apadrinado por grandes editoriales ni por reputados escritores ¿Qué puede mover a alguien a comprar su libro? No tengo ni idea. Puede ser, como decía Stieg Larsson, el título; puede ser el diseño de la portada; quizás el texto de las solapas o la contraportada. No lo sé.


¿Y el precio? ¿Qué pinta el precio en todo esto? Gracias a un nuevo proyecto de Amazon, KDP Select, me decidí a hacer un experimento utilizando para ello a un autor completamente desconocido: Yo.


Como sabéis quienes seguís este blog, he publicado en Bubok y Amazon un libro de relatos cuyos beneficios remito a una ONG que lleva muchos años trabajando en la alfabetización popular de Nicaragua. Hacen un trabajo de gigantes con recursos liliputienses y cualquier ayuda, por ínfima que sea (como los beneficios de este libro) es bienvenida. Bueno, el libro se titula "Entre lagos y volcanes" y podéis encontrarlo en los siguientes enlaces en BUBOK y en AMAZON para Kindle.



Lo que el programa KDP Select de Amazon permite a los autores es, entre otras cosas, una promoción gratuita de su obra durante cinco días. Esa es la base del experimento. Si, me dije, en los diez meses que lleva el libro a la venta para Kindle apenas he vendido nada ¿qué pasará si dejo que se descargue gratuitamente? Sin cambiar la portada, el título, los textos de presentación... nada. El mismo libro, idéntico. Dejarlo a cero euros durante cinco días... ¿qué pasaría?


Bueno. Que "Entre lagos y volcanes" pasó de no existir en las listas de libros gratuitos (lógico, dado que no era gratuito) a ocupar el tercer lugar entre los más descargados de la categoría de "cuentos". Lo que, como diría aquel, "me llena de orgullo y satisfacción"



Un libro cuyo precio es 1,09 euros, (dinero destinado a enseñar a leer al que no sabe) prácticamente no se vende. El mismo, con una rebaja de solo 1,09 euros, se descarga a mansalva ¿A qué conclusión podemos llegar? Yo, personalmente, a ninguna ¿Debemos los autores desconocidos regalar nuestra obra confiando en que, una vez nos conozcan, los lectores se animarán a pagar por los siguientes libros? ¿O eso sería colgarnos la etiqueta de "gratis", acostumbrar a los lectores a descargarnos sin pagar ni un euro mientras sueltan 25 por las novedades que se apilan en el suelo de las librerías? Ni idea.



En cualquier caso, que tanta gente se haya bajado mi libro durante cinco días es una promoción que no se debe desdeñar. Si, tras su lectura, deciden borrarlo de sus Kindles y no recomendar a nadie que gaste un céntimo en comprarlo, la culpa no será de ellos, sino del autor. Ya veremos.

20 diciembre 2011

Regálate GRATIS Entre Lagos y Volcanes esta semana

A partir de mañana, día 21, y hasta la próxima Nochebuena, todos los que tengáis un Kindle (o sea, todos. No olvidéis que podéis descargaros gratis el lector de Kindle para PC, iphone, ipad, mac o android en la página de Amazon) tenéis a vuestra disposición, sin pagar un céntimo, "Entre lagos y volcanes", once realtos nicaragüenses cuyo objetivo, además de haceros pasar un buen rato, es apoyar la alfabetización de los pueblos indígenas de Nicaragua en sus propias lenguas.



Os invito a pasaros por esta página y descargaros el libro. Y, si os gusta, invitad a vuestros amigos, conocidos, lectores ansiosos y gente de buen vivir, a comprarlo. A partir del día de Navidad regresará a su precio normal, apenas un euro en descarga, y por lo que al autor hace referencia, sus exiguos beneficios van destinados en su totalidad a empujar un poquito ese proceso alfabetizador del que os he hablado, y que podéis conocer un poco más aquí.



Quienes prefieran pagar un poco más para disponer del libro en papel, pueden seguir este enlace hasta la librería de Bubok.




Ya sabéis. Feliz Navidad, Feliz Lectura y gracias por vuestra solidaridad de parte de los más empobrecidos de un país que todavía paga las consecuencias de sus ansias de ser libre.

14 diciembre 2011

La noche de los espectros

Cuando anochece, regresan los espectros. Fríos, lívidos, sus rostros danzan descarnados ante mi ventana, fosforescencias imperceptibles que resbalan sobre los cristales húmedos de llovizna y lágrimas de recuerdo. Con cuencas vacías me buscan, me llaman con mandíbulas agrietadas, con ecos sin voces. Y aquí sigo, pendiente de una señal, quizá una nota que resbale con cansancio de siglos sobre el aire cargado, sobre las paredes de papel ajado, ennegrecido. Pero las palabras, sonidos que fingen brotar de las bocas destrozadas, son visiones que no logran traspasar el valladar de los cristales.

Es entonces, sumergido en una noche inacabable, cuando me siento vivo. Entonces comprendo que no estoy solo, que este encierro permanente, esta reclusión eterna, no es la desolación perdida en el espacio, como insinúa Ulises con gesto frustrado, ni tampoco la antesala de una prisión más estrecha y más arisca, como suspira Alana en cada mohín de coqueta ingenuidad. La presencia de ánimas de huesos translúcidos al otro lado de los vidrios me recuerda que existe algo más allá, algo a lo que aferrarme, algo en que creer en estas horas preñadas de tedio. Y aunque Basile afirme que ese algo no es sino la muerte que me acecha, puedo obligar a Basile, a Ulises y a Alana a guardar silencio, a difuminarse y desaparecer porque, después de todo, ninguno de ellos es más que producto enfermizo de mi ociosa imaginación.
El día es diferente. De día no hay vida, no hay espectros danzando en mi ventana, ni afloran a las esquinas los escuálidos cuerpos de mis gruñonas invenciones. De día sólo existen las paredes que me cercan, la silla, la mesa, y el marco apolillado de la ventana donde, millones de horas perdidas, cincelo con el sudor agrio del hastío las huellas de mis palmas. La luz se filtra sin ganas, roza mi rostro sin afeitar, mis ojos siempre humedecidos, siempre anhelantes, barre la oscuridad de las esquinas y limpia cada rincón de polvo y ficciones. Pero, al otro lado, no hay nada. Un desierto de blancura perfecta, demasiado perfecta y, en contadas ocasiones, un fugaz centelleo en lontananza, un chispazo, una tormenta que busca nacer y extenderse, que busca regar de calma los ardores, sembrar lluvia, sembrar sombra y sosiego en el infinito nevado. Pero sólo eso, un amago indeciso, un brillo exiguo, y luego, repetida, la nada.

No me gusta el día. Cuando la luz me asalta de improviso y el cuartucho muestra el estado avejentado de sus paredes, es difícil sacar de sus guaridas a mis amigos, es difícil la plática, la disputa. Aunque sean de natural agorero, aunque de sus labios que imagino hinchados, agrietados, nazcan lamentos y frustraciones, disfruto con sus declamaciones exageradas, con sus muecas de pavor cuando, sin ruido, emergen a sus espaldas las ánimas nocturnas. El día es largo, árido. Cansado. Sólo la noche me gusta.

Espero con ansiedad, con impaciencia infantil, la llegada de las sombras, el declive inevitable de un sol que nunca he visto, el arribo sigiloso de las tinieblas, largos dedos de penumbra esparcidos sobre el suelo y las paredes, colgados del techo inalcanzable, que me rodean y me envuelven. Es entonces cuando, a salvo de miradas indiscretas, protegidas de curiosos y cazadores de sueños, las siluetas aparecen encorvadas en la silla, acuclilladas sin rubor en una esquina, o arrebujadas bajo la protección precaria de la mesa. Pero jamás se acercan a la ventana. Allí, al otro lado, flotan los fantasmas, escrutan sin pupilas el interior del aposento, resbalan sus rostros deformados sobre los cristales.

Es Alana quien más les teme. Oculta bajo el tablero de plástico agrietado, murmura extrañas oraciones con su apagada vocecita, timbre que roza la histeria al herir, con derroche de agudos, mis tímpanos sorprendidos. Porque yo no veo nada malo en los espectros, en su continua compañía, en sus vuelos alocados, globos sin cordel descabezados por algún niño en la lejanía de los tiempos que buscan, sin saberlo, sin poder reconocerlo, quien les comprenda y acompañe. Ellos no. Ellos les odian.

Esta noche, mientras Alana solloza sonidos ininteligibles en su refugio, mientras Ulises permanece clavado en una esquina, vigilando las óseas luminarias con ojos desorbitados, Basile desgrana los manidos argumentos que tantas veces he tenido que escucharle. Es el más viejo de los tres, el más experto. Habla en susurros entrecortados, como si el aire le faltara, como si los pulmones jadeantes apenas digirieran un oxígeno aspirado en urgentes bocanadas. Afirma –es su teoría- que sólo el pitido mantiene a los espectros alejados, que sólo ese sonido intermitente, un ir y venir perenne y sibilante, ahuyenta a quienes él llama mensajeros de la muerte. Noche tras noche, este ser nacido de mi mente, monigote ilusorio que lucha por tomar forma, insiste en apartarme, en contener esos deseos que germinan impulsivos en mi vientre, un anhelo desconocido que me impulsa a caminar, a llegar hasta el marco podrido de años y, alzando la hoja, dar rienda suelta a la noche y sus visiones, fundirme con ellos en inesperada comunión de huesos roídos y destellos apagados. Pero sé que no puedo. Sé que no se abre la ventana, no se escapa de esta prisión de paredes inciertas, no se vuela en el espacio como un papalote de telas brillantes y larga cola de papel charol.

Y, de repente, Basile me toma de la mano, aprieta hasta hacerme daño. Se tensa su rostro curtido, en sus ojos el pánico se desborda y sus labios dibujan un macabro rictus de terror. Entonces lo escucho. Escucho el pitido, un sonido que los años borraron de mi memoria. Un pí - pí tedioso, anidado en mi cerebro desde tiempos olvidados, invisible por el aburrimiento de su secuencia matemática. Lo escucho, porque ha cambiado. Cada golpe, cada eco, es más espaciado, más difuso que el anterior. Alana solloza aferrada a mi pernera. Ulises se dobla contra las paredes, gime y vomita en ácidos borbotones. Basile clava las uñas en mi brazo inerte. Y cuando desaparecen, cuando el sonido es uno solo, un píííí continuo, sordo y mecánico, los espectros me rodean. Ya no hay paredes ni ventanas, ya no hay luz y no hay prisiones. Ahora, unido a su eterna compañía, puedo volar, puedo ser libre, en la inmensidad oscura de la muerte.

05 diciembre 2011

Te lo daría todo

En este ENLACE al Ayuntamiento de Sant Vicenç dels Horts podéis encontrar, entre otros, mi relato "Te lo daría todo", que por mayo ganó el Certamen Narcis Lunes i Boloix, organizado por este ayuntamiento. No me había dado cuenta de su publicación en la web hasta ahora.

Que lo disfrutéis! Y se admiten críticas, como siempre.

04 diciembre 2011

Premio en Manzanares el Real

Por medio de un mensaje en el constestador de mi móvil me he enterado de la resolución de este certamen. Cuelgo la noticia que he buscado en la web del ayuntamiento.

Francisco de Paz Tante ha sido el ganador de la décima edición del certamen literario Cristo de la Nave. Su obra Mugidos de tristeza y luto conquistó a los miembros del jurado y se hizo merecedora del primer premio, dotado con 300 Euros.

El certamen está abierto a autores residentes o no en Manzanares El Real. Mientras que Francisco de Paz obtuvo el premio entre los no residentes, la categoría reservada a los manzanariegos quedó desierta. El jurado también otorgó una mención de honor, sin dotación económica, al relato Los ojos de la novia, de Javier Díez Carmona.

El certamen literario Cristo de la Nave, organizado por el Área de Servicios al Ciudadano, se falló el 19 de noviembre.

27 noviembre 2011

La abuela Yaxte´

El ayuntamiento de Calatayud ha publicado en su web los relatos premiados en la IX edición del Cartamen Ana Orantes. Podéis leerlos en el siguente enlace, incluido el mío, "La abuela Yaxte´"
Premiados Ana Orantes

26 noviembre 2011

Premio en Calatayud

Antes del comienzo de la representación de “La historia de amor del siglo”, el teatro Capitol de Calatayud acogió el pasado día 24 la entrega de premios del IX Certamen de Cuentos Breves Ana Orantes. El alcalde de la ciudad, José Manuel Aranda, y la concejal de Bienestar Social, Esther Herrero, han sido los encargados de repartir los galardones. Además, los representantes municipales han querido destacar que “todos los actos que se celebran esta semana son un homenaje a las mujeres que han muerto a manos de sus parejas” y han calificado la violencia de género como “el mal del siglo XXI”. En esta línea, han deseado que “algún día se consiga erradicar y tengamos que dejar de celebrar un día de lucha contra ella”.

Los premiados son:
1er. PREMIO:
Título: “Entre muñecas”.
Autora: Lourdes Aso Torralba

2º. PREMIO:
Título: “La abuela Yaxte”
Autor: Javier Diez Carmona

3er. PREMIO:
Título: “Todos los artículos del Código Penal”
Autor: Carlos del Pozo Manzanares

Entrega de premios "Leopoldo Luis" en Tetuán

EL BILBAÍNO JAVIER DIEZ GANA EL CERTAMEN LITERARIO “LEOPOLDO DE LUIS” EN LA MODALIDAD DE RELATO CORTO
Con motivo de la celebración de la III Edición del Certamen
• La obra ganadora lleva el título ‘Región del Napo’
• En esta tercera edición del certamen se han recibido más de 400 obras procedentes de toda la geografía española
• La entrega de galardones se celebró el pasado 23 de noviembre a las 19:00 horas en el Centro Cultural Eduardo Úrculo en Madrid


La III edición del Certamen Literario ‘Leopoldo de Luís’ ya tiene ganadores. En las modalidad de Premio de Relato Corto el premio ha recaído en la obra ‘Región del Napo’ de Javier Diez, escritor de Bilbao, mientras que el premio en la modalidad de Poesía ha sido para ‘Quedan los siglos idos’, del escritor murciano Miguel Sánchez.

El Primer Accésit del Premio de Relato Corto ha recaído en la obra ‘Inteligencia artificial’, del autor José Manuel Moreno, vecino del barrio madrileño de Tetuán, y el Primer Accésit del Premio Poesía ha sido para el escritor Herminio Otero, residente también en Tetuán, por su obra ‘Tetuán o el corazón amanecido’.

La entrega de galardones se celebró en el Centro Cultural Eduardo Úrculo de Tetuán, en Madrid, el 23 de noviembre a las 19:00 horas, en un acto presidido por la concejala del distrito, Paloma García Romero.

Con la celebración de este Certamen literario de poesía y relato corto ‘Leopoldo de Luís’, se pretende llevar a cabo una decidida apuesta por la expresión y la creación artística que pretende fomentar el desarrollo cultural y la expresión literaria-poética de toda la población. En este año, además de celebrar la segunda edición del encuentro, se cumple el quinto aniversario del fallecimiento del poeta y vecino del barrio madrileño de Tetuán Leopoldo de Luís.

25 octubre 2011

Recuerdos, e historias, de Río Coco

Waspam, frontera con Honduras. Disfrutaba de un café apenas templado mientras Adrián, un icono de la alfabetización popular en Nicaragua, me informaba del avance lento del proceso pedagógico, de las iniciales reticencias de las comunas, de los siempre asfixiantes problemas de financiación. La noche nos rodeaba y del crepúsculo apenas pervivía un difuso resplandor añil titilando en los últimos meandros cuando comprendí que, por boca de mi amigo, el Wangky compartía conmigo su leyenda.

La historia de los pueblos indígenas de Nicaragua puede ser vista como un largo ocaso, un declinar continuo y doloroso que se aferra a la tierra para no ser absorbido, definitivamente, por las tinieblas.

Desde que Cristóbal Colón bautizara el cabo Gracias a Dios apenas nacido el siglo dieciséis hasta el final de la guerra contrarrevolucionaria en mil novecientos noventa, los pobladores de las riberas del Wangky, mayangas y miskitos, han sido utilizados por los bandos enfrentados sobre el tablero de sus selvas como peones invisibles de estrategias diseñadas en Madrid, Londres, Washington o Managua.

Desconectada del Pacífico nicaragüense por una geografía agreste y el ansia de riquezas más accesibles, la región mosquitia permanece, desde el siglo diecisiete, en la órbita anglosajona. Utilizada en principio como base para las flotas piratas, pronto comenzó el saqueo de sus maderas preciosas, tabaco, maíz, tortugas y esclavos. Un rey miskito impuesto por los ingleses, la lejanía de los gobernadores españoles y la callada presencia de los navíos de su Majestad en aguas de Gracias a Dios bastaron para cimentar un poder de esfuerzo mínimo y máximo beneficio.

La independencia de Nicaragua no llevó grandes cambios a la región, que se integró definitivamente a la nueva república en mil ochocientos noventa y cinco. No sorprende que la primera medida del entonces presidente Zelaya fuera apropiarse, para mayor gloria de su estirpe, del diez por ciento de las tierras de la región.

Pese a tanto sobresalto, imposiciones externas, saqueos y largas hambrunas, la vida en el Wangky no sufrió cambios radicales. Las familias se agrupaban en modestas comunidades cercanas al Río Coco, cultivaban su tierra, cuidaban de unas pocas cabezas de ganado y subsistían en cierta armonía con el espíritu del bosque y, en especial, del río. Pero la intervención estadounidense en la guerra civil de Nicaragua, la llegada de las transnacionales, la imposición de haciendas bananeras, la explotación intensiva de los bosques y el trabajo forzado en las minas de oro del sur de la región supusieron un cambio radical. En apenas cuarenta años, miskitos y mayangas pasaron de vivir en comunión con la naturaleza a ser peones semi esclavos de las grandes compañías gringas.

Cuando, en los años treinta del siglo veinte, los desarrapados soldados de Sandino se empeñaron en expulsar de Nicaragua a las fuerzas de ocupación, buena parte de la población del Wangky vio en aquella pretensión de tintes épicos una amenaza a su forma de vida. Uno de los objetivos de aquel pequeño ejército loco era, precisamente, el capital extranjero que esquilmaba la región, el mismo que pagaba sus raquíticos salarios de subsistencia. Pero, tras la desbandada de los marines, Somoza supo sustituir su ocupación externa por la ocupación interna de la Guardia Nacional. Nada cambió. La dependencia de las grandes corporaciones extractivas se perpetuó como forma de vida ribereña. Silicosis, asma, enfermedades degenerativas causadas por fumigantes como el Nemagón, se integraron a un paisaje que, en lo externo, mantuvo la idílica imagen de pequeñas comunidades acurrucadas en el regazo tortuoso del Wangky.

El triunfo de la revolución sandinista alteró, a peor, aquel equilibrio decreciente. El empuje popular que barrió Nicaragua modificando sus estructuras, sus creencias y su geografía fue visto en el Atlántico como una ola uniformadora impuesta por los “nuevos españoles”. Las multinacionales que, al calor de la dictadura somocista, florecían en la región, huyeron con los bolsillos bien cargados dejando a sus espaldas un erial de bosques esquilmados, minas vacías y desempleados sin futuro, sin perspectivas ni esperanzas. El recelo que, entre los costeños, despertó la lucha de Sandino se agudizó con la llegada al poder del F.S.L.N. Miles de miskitos cruzaron el Wangky para alistarse a las fuerzas de la contrarrevolución.

Pronto el río, territorio sagrado de aquellas etnias pero simple frontera para los estrategas de la guerra, se transformó en un campo de batalla entre Washington y Managua, que utilizaron a los indígenas como fuerzas desechables en sus estrategias. La respuesta sandinista a la agresión desde Honduras fue la peor posible. Su ejército desalojó a los mayangas, a los miskitos, de sus milenarias comunidades a la ribera del Wangky, y “para protegerles”, les impuso nuevos asentamientos que modificaron radicalmente el mapa de la zona. La pista Rosita-Bilwi, primera y única carretera que unía ambas costas del país, pasó a ser el eje vertebrador de un territorio donde miskitos y mayangas, obligados a abandonar su río, se sentían extranjeros. Para salvar sus vidas, se les robó el alma. El resquemor, el odio incluso contra un gobierno que en sólo cuatro años acabó con su forma de vida, sus tradiciones y su propia cosmovisión, no llegó a aplacarse ni con la firma de los tratados de autonomía de mil novecientos ochenta y ocho.

El rumor del Wangky me arrullaba mientras, el café helado entre las manos, escrutaba la oscuridad atendiendo a las palabras de Adrián, su somero resumen de una historia común a los pueblos indígenas del planeta. Meciéndome en la hamaca, saboreando el cálido olor a leña de nuestra cocina, no podía dejar de preguntarme qué hacía allí alguien como él, sandinista hasta la médula, luchando por alfabetizar en sus propias lenguas a estos pueblos que fueron sus enemigos, y haciéndolo, además, de mano de una asociación de nombre “Carlos Fonseca Amador”

19 octubre 2011

En el tren, cada mañana

El ayuntamiento de Navarrés ya ha colgado de su página web los relatos premiados en su IV Certamen Literario. En la categoría de adultos el primer premio se lo llevó mi relato "En el tren, cada mañana", que podéis leer siguiendo este enlace ¡Espero que os guste!

23 septiembre 2011

¿Me recuerdas? (III y final)

(Ir a Segunda Parte)

Durante unos segundos, se siente apresado por una pinza invisible que atenaza sus testículos, su cerebro, sus ojos en blanco. Por fin, sin saber bien cómo, encuentra la fuerza necesaria para correr hasta la puerta. La pantalla cambia de color. La máquina renueva su siniestra colección de murmullos quejumbrosos. Contiene unos temblores que amenazan paralizarle, y tira de la manilla. Nada. Traga saliva, gesto instintivo que duele en la aridez de su garganta. El pestillo. El mismo que, años atrás, aquella mujer maloliente le abriera, ignorante de su suerte y su destino. Lo ha cerrado al entrar, pero ahora se niega a moverse. Sacude con furia, intuyendo apenas sus propios gemidos de pánico, los sentidos embotados por el fragor creciente del cajero a sus espaldas. Golpea. El metal resbala en el sudor de sus manos. Vuelve a golpear. Es inútil. La máquina le ha encerrado en aquel cubículo acristalado, refugio de indigentes y desheredados, escenario pasado de asesinatos por placer. Derrotado, hundido en un fatalismo paralizante, se gira a la intuida furia cibernética. Un reflejo carmesí, una oleada de sangre inventada con unos y con ceros inunda el rostro vivo de la bestia. Sobre ella, esculpidas con odio, las palabras le acusan y condenan:

-“¡Era mi amiga, cabronazo!”-.

Un alarido irracional, un aullido nacido de una sima desconocida, aflora a su garganta. Sobrepasada a golpe de pánico la endeble frontera de la realidad, descarga su locura contra la puerta, que cede al brutal impacto. Arrollado por su propia carrera, envuelto en una nube de cristales, se derrumba, libre, sobre el asfalto. La euforia se desboca con la histeria. Un velo salobre nubla sus pupilas, y los sonidos de la noche, el rumor de una radio, los gritos de las prostitutas, el sereno golpear de lluvia contra el asfalto, se mezclan con el inútil chirrido de unos frenos que, sorprendidos por su brusca aparición, no consiguen detener a tiempo el autobús.
En recuerdo de Rosario Endrinal

21 septiembre 2011

¿Me recuerdas? (II)

Ir a Primera Parte


Pensativo, se rasca la cabeza, gesto demasiado infantil a sus treinta años. La normalidad le rodea. Afuera, la humedad resbala por los vidrios. Una ambulancia atraviesa la calle iluminando las paredes con alientos ambarinos. Un perro orina en una esquina, junto a un borracho que descansa ovillado en un portal. Sin embargo...

..., sin embargo, despreciando toda lógica, un cajero automático emerge del letargo informático que se le supone, y le interpela con descaro. Responde, sin saber porqué:

-No-.

Un golpe, un crujido y la pantalla cambia. Las letras dan paso a una película, a la enloquecedora secuencia de un drama renacido cada noche. Imágenes que ha intentado, sin éxito, desterrar al pozo del olvido, toman forma ante sus ojos aterrados. Es él ¡Claro que es él! Él, y los otros dos, en aquellos años de adolescencia y hombría superpuestas. En el suelo, la mujer. La mendiga, la maldita mendiga que se cruzó en su camino aquella noche de alcohol y pastillas, la indigente que sigue poblando sus pesadillas. La misma calle. El mismo cajero ¿Cómo no se ha dado cuenta que entraba al mismo cajero? Arrodillada contra un rincón, recibe sus patadas y botellazos. Con los brazos, cubre su rostro en un absurdo intento de proteger su cuerpo lisiado. Sergio no es consciente de las manchas oscuras que se forman bajo sus axilas, que inundan su entrepierna y resbalan hasta el suelo. Otea la calle, cortos y frecuentes vistazos alterados. Nadie presta atención. Junto a la ambulancia, dos siluetas gesticulan algo que no entiende mientras, dentro, en la anónima pantalla de un cajero, su yo pretérito, su yo desprendido de la juventud moribunda, se inclina para rociar a la mujer de un líquido incoloro. Ahora la cámara invisible capta el rostro femenino, desfigurado de terror. Ella implora sin sonido a las paredes taladradas a salivazos, a sus verdugos que sonríen, al vacío de la locura. Un fogonazo, y los tres desaparecen, abandonan la tumba improvisada donde, en una secuencia desgarrada, la mujer se retuerce en espasmos de dolor y muerte.

-“¿Me recuerdas?”-.


...Continuará...

20 septiembre 2011

¿Me recuerdas? (I)

Sergio golpea con impaciencia la superficie de la máquina. Dentro, chasquidos dispersos y perezosos ruidos de engranaje se suceden sin prisa, indiferentes a la etílica agitación del muchacho. Sus amigos esperan mezclados en una marea de prostitutas y turistas imberbes, de borrachos reconocidos y profesionales del engaño, de música y alcohol en este Raval que, con el maquillaje frío de nuevas plazas y adoquinados, pretende ocultar su rancio corazón de meretriz, accesible siempre a quien pueda pagar su precio. Suspira mientras apremia al maldito cajero, que sigue desgranando lamentos en un idioma ininteligible. Fuera, a través de los cristales veteados de engrudo y restos de carteles, se intuye el paso incesante de los vehículos.

-“¡Vamos, vamos!”- musita nervioso, los dedos bailando sobre el metal, la rabia de la impaciencia anudada a su garganta. Embriagados por las calles preñadas de tugurios, protegidos de la llovizna en el acogedor vientre de cualquier bar, el resto terminará por aburrirse de su tardanza. El cajero chirría, rumia un par de esputos agónicos, y guarda silencio.

No puede creer lo que ve. Duda, se frota los ojos, y mira de nuevo.

En la pantalla, parpadeando sobre un fondo negro, las letras le interrogan en silencio.

-¿Me recuerdas?-

... Continuará...